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29 mayo 2006

Valente: obra completa


Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores acaba de publicar el primer volumen de las obras completas de José Ángel Valente, en una edición de Andrés Sánchez Robayna que rescata abundante material inédito. De toda aquella generación llamada del 50, de poetas civiles e irónicos, que incluía a Gil de Biedma, Barral o Goytisolo, el poeta más furtivo, singular e inabarcable fue José Ángel Valente. Murió hace seis años, en Ginebra.

Nacido en Orense el 25 de abril de 1929, José Ángel Valente vivió su infancia en Galicia. Una infancia marcada por la Guerra Civil y la inmediata miseria de la posguerra, que él mismo evoca, en su madurez, en Tiempo de guerra o Lugar vacío en la celebración. Comienza sus estudios universitarios en Santiago de Compostela en 1947, en la carrera de Derecho, que abandonará más tarde para licenciarse en Filología Románica en Madrid en 1955, con premio extraordinario.

En 1954 Valente publica su primer libro de poesía, A modo de esperanza. En 1955 se traslada a la Universidad de Oxford, donde obtiene el grado de Master of Arts. En la universidad inglesa se dedica a la docencia de español hasta 1958, año en que se traslada a Ginebra. Sus trabajos como profesor y funcionario de la ONU, primero, y de la UNESCO, más tarde, le permiten dedicarse en profundidad a su exploración poética, fruto de la cual surge, en 1960, Poemas a Lázaro, que obtiene el Premio de la Crítica.

Su poemario La memoria y los signos (1966) ahonda en algunos de los temas más personales de Valente: la experiencia del recuerdo, la ausencia, la muerte. Sin embargo, lo hace desde una estética muy diferente de cuanto se había visto hasta entonces. Valente comienza a despuntar como un esencialista, un explorador de los límites de la misma esencia del lenguaje, la palabra y el símbolo. Esta búsqueda se extenderá al resto de su producción poética, en la que destacan Breve son (1968), Treinta y siete fragmentos (1972) e Interior con figuras (1976).

Valente amplía su búsqueda al ensayo y a la prosa poética en Número Trece (1971) y El fin de la edad de plata (1973). En 1972, mientras reside en Ginebra, el Gobierno franquista lo somete a consejo de guerra por unas supuestas injurias al ejército contenidas en Número Trece. No tardará en ser declarado “en rebeldía”. Sin embargo, el régimen tenía ya los días contados. Con la muerte del dictador, en 1975, Valente vuelve a España, aunque no abandona su residencia en Suiza.

En 1980, año en que abandona Ginebra para instalarse en París, publica Tres lecciones de tinieblas, que le vale una vez más el Premio de la Crítica. Un año más tarde se produce el reencuentro con su Galicia natal, con la publicación de Sete cántigas de Alén. Estancias (1981), Noventa y nueve poemas (1982), Tránsito (1982) o Mandorla (1982) son ejemplos de su incesante actividad literaria durante los años 80, en que Valente encuentra un nuevo camino poético en el misticismo, con una fuerte tendencia a la introspección y al hermetismo.

Con la concesión del Premio Pablo Iglesias, en 1984, comienza una cascada de reconocimientos y premios hasta lograr el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 1988. En estos años se publican antologías y se reeditan libros suyos, muchas veces ampliados.

En 1986 se instala en Almería. Publica Los ojos deseados (1990) y No amanece el cantor (1992), que le supone el Premio Nacional de Poesía de 1993. Plenamente reconocido como una de las figuras más importantes de las letras contemporáneas, recibe el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1998. José Ángel Valente muere el 18 de julio de 2000.

El primer volumen de las obras completas de José Ángel Valente llega casi a las mil páginas. Reúne todos los libros de poemas que publicó, las traducciones que realizó (solo o acompañado), una serie de piezas en prosa –que reunió en los títulos El fin de la edad de plata y Nueve enunciaciones– y un amplio apéndice que ha recogido poemas, textos en prosa e incluso una prosa dramática, que habían permanecido inéditos o habían sido publicados de manera dispersa. «Parte del material que figura en el apéndice era público, pero había aparecido de manera muy fragmentaria y en lugares muy distintos», explica Sánchez Robayna. «Los he reunido a partir de los papeles de su archivo, que está en la biblioteca de la cátedra Valente de la Universidad de Santiago de Compostela, pero había muchos textos que ni siquiera había conservado. Éstos han ido apareciendo en revistas de lo más diverso e incluso he encontrado algún poema guardado en mi propio archivo».