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22 enero 2006

Leopoldo María Panero, en su rincón


Por boca de Arrabal (texto más bien) sabemos que Federico Utrera cita (en Cordel de Extraviados, nº 3 y 4) al mismo Arrabal, quien por lo visto dijo al almeriense en octubre de 2005: «para mí, Leopoldo María Panero es el mejor poeta que vive en España». El juicio de Arrabal es tan certero como incómodo (para el resto de los poetas vivos y para quienes no conocen en absoluto a Panero, a quien esa opinión se le da un ardite). Uno ha de fijarse especialmente, sin embargo, en que para un poeta residente en París (Arrabal es, lo quiera o no, un poeta) este juicio no resulta excluyente. Conocí personalmente a Panero al final de los setenta, en Mallorca, cuando el poeta andaba extraviado en busca de un grupúsculo anarquista a cuyas ubres deseaba arrimarse, con el noble interés de apoyar una lucha ecologista y ciudadana (al fin victoriosa) en la protección de la isla Dragonera frente al acoso inmobiliario. Noble interés que él celebraba con litros y litros de Coca-Cola, consumidos compulsivamente mientras disertaba, en el bar de la Facultad de Filosofía y Letras (a donde le condujimos un amigo y yo por no recuerdo qué motivo), con los pies descalzos y apoyados sobre la mesa, acerca del psicoanális y sus aledaños. Por entonces apenas conocía sus subyugantes relatos de El lugar del hijo. A raíz de aquel fortuito encuentro, su poesía se convirtió en referencia persistente, junto a las de Valente y Martínez Sarrión. Más adelante vendrían otras. Leopoldo María Panero es, en su rincón, uno de los mejores poetas (vivos o muertos, puesto que él mismo no sabe a veces cuál es su estado civil) que uno conoce. De Arrabal, Valente o Sarrión hablaremos en otro momento. Ahora nos bastan unos versos de «La canción del tahur del Mississipí»:
Fumo mucho. Demasiado./Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,/y oigo pasar la vida como quien pone la radio./Fumo mucho. En el cenicero hay/ideas y poemas y voces/de amigos que no tengo. Y tengo/la boca llena de sangre,/y sangre que sale de las grietas de mi cráneo/y toda mi alma sabe a sangre,/sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,/en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños/que se mueven ingenuos, torpes, en/esta vida que ya sé.
R.M.

Bibliografía (una)
Poesía:
· Por el camino de Swan (1968)
· Así se fundó Carnaby Street (Ocnos, 1970)
· Teoría (1973)
· Narciso o el acorde último de las flautas (1979)
· Last River Together (1980)
· Dioscuros (1982)
· El último hombre (1984)
· Poesía 1970-1985 (1986)
· Poemas del manicomio de Mondragón (1987)
· Agujero llamado Nevermore. Selección poética, 1968-1992 (1992)
· Heroína y otros poemas (1992)
· Piedra negra o del temblar (1992)
· Orfebre (1994)
· Guarida de un animal que no existe (1998)
· Abismo (1999)
· Poesía Completa, 1970-2000 (2001)
· Teoría del miedo (2000)
· Buena nueva del desastre (2002)

Narrativa:
· El lugar del hijo (1976)
· Dos relatos y una perversión (1984)
· Palabras de un asesino (1999)


Estudios sobre Leopoldo María Panero
· BLESA, Túa, Leopoldo María Panero, el último poeta, Valdemar, Madrid, 1995.
· FERNÁNDEZ, J. Benito, El contorno del abismo (vida y leyenda de Leopoldo María Panero), Tusquets, Barcelona, 1999.